Cuando el corazón se apaga… y Dios sigue ahí

No siempre sientes a Dios… pero eso no significa que Él no esté.

David Vigil

4/8/20262 min read

woman in blue shirt lying on bed
woman in blue shirt lying on bed

Después de esta Semana Santa, me quedé pensando en algo.

Venía de semanas pesadas.
Mucho trabajo, responsabilidades, estrés…
Una rutina llena de movimiento, pero con poco sentido.
Como estar en un remolino: girando sin avanzar.

Llegó la Semana Santa y, en lugar de vivirla como otros años —con reflexión profunda, conmovido por el sacrificio de Jesús— esta vez fue diferente.

Simplemente… descansé.

Compartí con mi familia.
Vi una película.
Desconecté un poco.

Pero también, si soy honesto, hubo algo más:
me sentí frío.

Mientras veía publicaciones sobre el Domingo de Ramos, el Viernes Santo o la Resurrección… yo no reaccionaba igual. No había ese fuego. Y eso, en algún momento, me hizo sentir culpa.

Pero en medio de ese pensamiento, algo quedó claro en mi corazón:

Dios no me estaba acusando.

Mi relación con Él es real.
No es algo que pueda fingir.

“Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”
— Romanos 8:1

Dios no se aleja cuando tú te sientes lejos

A veces confundimos sequedad con distancia.
Pero sentirnos lejos no significa que Dios se haya movido.

Él sigue siendo el mismo.

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.”
— Juan 10:11

Él no solo nos ama cuando estamos “encendidos”.
Nos ama también cuando estamos cansados, desconectados o vacíos.

Él no huye. Él busca.

El fuego no se finge, se alimenta

No quiero quedarme en este estado.
Quiero que mi corazón vuelva a arder.

Pero entendí algo importante:
el fuego espiritual no se produce por obligación…
se alimenta.

¿Y cómo se alimenta?

Volviendo al evangelio.
Recordando las buenas noticias.
Regresando una y otra vez a ese momento que cambió la historia.

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
— Romanos 10:17

No es emoción forzada.
Es verdad recordada.

Renovar la mente, recordar quién eres

Muchas veces no es que estemos lejos…
es que estamos distraídos.

La mente se llena de ruido.
De presión.
De pensamientos que nos encierran en una prisión que ni siquiera es real.

Pero Dios nos llama a algo distinto:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.”
— Romanos 12:2

Cuando renovamos nuestra mente, recordamos:

Que somos libres.
Que somos amados.
Que tenemos propósito.

Altos y bajos… pero en el mismo camino

La vida con Dios no es una línea recta.
Tiene momentos altos… y momentos bajos.

Pero eso no significa que estemos fuera del camino.

Significa que somos humanos, caminando con un Dios perfecto.

Y aun en los días más secos, la creación misma sigue testificando de Él.
Su presencia no desaparece.
Su gracia no se agota.

Volver al centro

Hoy no escribo desde el “pico espiritual”.
Escribo desde un lugar real.

Con el deseo de volver a ese fuego.
Con la certeza de que Dios sigue conmigo.
Y con la convicción de que todo empieza en lo mismo de siempre:

El evangelio.

Dios nos ama.
Cristo dio su vida por nosotros.
Somos suyos.

Y eso… nunca cambia.